¡Arañé la cabecera!

Lulú Petite sexo sexualidad
Lulú Petite
09/04/2019 - 05:18

Querido diario: Me volvió el raciocinio de golpe con un respiro hondo y un respingo, después de haberme visto privada de oxígeno por voluntad propia. Alejada mi cara sonrosada de su pelvis, me contenté con masturbarlo ávidamente mientras yo le sonreía, de rodillas y encantada con la posición horizontal que él mantenía sobre el colchón. Así pensaba persuadirlo a permanecer, porque mis intenciones para esa noche, consistían principalmente en montarlo.

Él respiraba espesamente ya, tan agitado su pecho como el mío, y me llamó a su lado con un movimiento de la mano. 

Todavía podía sentirlo palpitando contra mi lengua en plena mamada, y el recuerdo continuaba humedeciéndome abundantemente entre las piernas. El calor que irradiaba de su pelvis me calentó el vientre mientras nos besábamos despacio, chupándonos la boca a paso lento, divino. 

Mi sonrisa no daba más de ancha y triunfante cuando finalmente lo solté para montarme a horcajadas sobre sus caderas.

—Así, hermosa... —me susurró, removiéndose con los hombros encima de las almohadas. La sostuve por la base para apuntarla directo hacia mi entrada, y una vez quedó bien ubicada, solo fue cuestión de enterrarme hasta el fondo.

Él me tomó con sus manos enormes por la cadera, con sus pulgares en mi vientre y sus dedos en mi espalda comenzó a marcar el ritmo de mi cabalgata, era raro, casi rudo, pero logró calentarme incluso más. Cada que me la clavaba, yo respondía con un gemido y un gritito, mordiéndome los labios del puro intenso placer que me traía bambolearme encima de él. Mis caderas iban de adelante hacia atrás, de abajo hacia arriba, siempre fuertes y desesperadas alrededor de ese miembro gordo y caliente que me traía loca. 

Invadida por las ansias del primer orgasmo, me aferré a la cabecera de la cama con una mano, la otra ocupada en apretarme uno de mis pechos que clamaban atención. Él captó esta necesidad al vuelo, porque me alimentó la tensión en la entrepierna al alzar el rostro para mamarse uno de mis pezones ávidamente. Ahora yo me meneaba en círculos con su miembro adentro, ralentizando el momento en el que el clímax iba a hacerme estallar.

Ya no pude contenerme más, sin embargo, cuando él me apretó con los brazos por la cintura para mantenerme inmóvil. No me quedaba resistencia en el cuerpo para oponerme, por lo que le cedí el control con un gritito.

De repente, sentí cómo su miembro bombeaba y se vaciaba a chorros dentro del condón. Besé sus labios y nos reímos cuando vimos que la forma de mis uñas, en un rasguño, quedó grabada en la cabecera de la cama. 

Hasta el jueves, Lulú Petite

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