Enamoradizo

"Se lo coloqué en la corona hinchada y jugosa y con un ágil movimiento coordinado de labios y paladar"
Lulú Petite
30/01/2018 - 04:25

Querido diario: Lorenzo es un tipo guapo. Pero no guapo promedio, sino muy guapo. De esos que, apenas los ves y ya quieres con ellos. Podría tener a una mujer distinta todos los días si no fuera tan enamoradizo. Desde que lo conozco está enamorado, el problema es que nunca es de la misma. Su corazón es una esponja, así como absorbe, suelta. Una montaña rusa de emociones; un día puede estar en la cima del romance y al otro día ¡Pum! se desenamora, se desentiende y ya toda la euforia se le esfuma hasta que aparezca otra princesa con la que pueda jugar al príncipe azul.

No tiene acostones de una noche, cuando sale con una chava, se enamora y, entonces, deja de hablarme. Claro, hasta que se le acaba el amor y regresa conmigo a buscar consuelo.

Me habló ayer por la noche y nos quedamos de ver en el motel de siempre. La verdad es que siempre me emociona verlo porque además de guapo, se mueve muy rico y tiene una macana que te lleva al cielo. La cosa es que él se toma muy en serio la idea de sexo terapia, por eso sé tanto de su vida sentimental.

Siempre es igual cuando nos vemos: la mitad del tiempo haciendo el amor maravillosamente, la otra mitad, recostados, escuchando la historia de su más reciente romance fallido, porque, eso sí, siempre me habla cuando al amor ya se lo llevó el carajo.

Estábamos acostados en la cama, apretaditos y cariñosos. Resulta que, con la más reciente, hasta estuvo a punto de casarse, pero a última hora empezó a dudar y puso pies en polvorosa. No duda del amor ni del compromiso, él quiere querer, pero siente que no ha encontrado a su media naranja. Primero se enamora con mucha intensidad, pero de pronto algo pasa, le llegan dudas, conoce a otra persona y no sabe si lo que tiene es lo quiere o debe darse chance de ir por más. Entonces, cuando termina, me llama, me coge y vuelve a buscar otro amor con quien establecerse hasta la siguiente duda.

Se quedó pensando después de contarme, con las manos detrás de su nuca y como viendo el techo. Me le quedé viendo y no aguanté las ganas, le besé el cuello y fui desabotonándole la camisa. Entonces pasé mi lengua por su pecho, bajando por su abdomen exquisitamente definido y llegando a su punto débil, aunque de débil no tenía nada. Lo chaqueteé mientras le besaba el ombligo. Él me acariciaba con mucha dulzura los hombros, la espalda. Con un dedo recorría el tramo hundido de mi columna, que se extendía como un caminito hacia mis nalgas. En ellas dedicó su más tierno tacto, amasándolas y regodeándose en su redondez. Entonces alcancé un condón de los que había puesto en el buró, mordí el empaque para abrirlo y lo saqué con dos dedos. Se lo coloqué en la corona hinchada y jugosa y con un ágil movimiento coordinado de labios y paladar, se lo bajé hasta la base de las bolas.

Escuché su respiración agitada. Su expresión corporal fue elocuente, pero el tono de gusto en su voz lo fue más.

—Ay, así, continúa, por favor —susurró como desde un sueño plácido.

Se lo mamé con ganas, lamiéndole el palo y la punta mientras se lo meneaba con una mano y con la otra le sobaba los aguacates. De largo a largo como estaba, con las piernas abiertas, lo tenía a mi merced. Lorenzo pellizcaba suavemente mis pezones con sus dedos largos y suaves. A medida que lo sentía excitarse, yo me mojaba y me tocaba. 

—¿Quieres que te coja rico? —le pregunté.

No hizo falta más. Me puse encime a horcajadas y con las dos manos acomodé su garrote hinchado y tieso dentro de mí. Me lo clavé hasta el fondo de una sentada. Entonces comencé a menearme en círculos, agarrándome las tetas y gimiendo a gritos. Estaba excitadísima. Lorenzo hacía lo propio, empujando su cadera hacia arriba, hundiéndome su miembro entero hasta el fondo. Lo sentía crecer dentro de mí, a medida que mis nalgas rebotaban en sus muslos vellosos y esbeltos. Nos aferramos el uno del otro y nos arrebatamos con un ritmo delirante hasta agotarnos exhaustos, chorreando nuestras vidas en un orgasmo divino.

Sé que algún día encontrará a esa media naranja que busca; está bien, mientras, que me siga cogiendo así de rico.

Hasta la próxima, Lulú Petite

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