A la boda, bien cogido

Gruñía y gemía a medida que me atravesaba. Me hacía convulsionar y me estremecía con sus arremetidas salvajes
Lulú Petite
01/02/2018 - 05:18

Querido diario: Muchas veces me preguntan si las historias que cuento son ciertas. Desde luego a cada relato le agrego un poco de picante, pero sí, son crónicas, apegadas lo más posible, a la realidad de lo que hago con mis clientes. Supongo que es el único trabajo en el que conoces de manera tan íntima a tanta gente. No sólo porque te los coges y los ves desnudos, sino porque en la cita conoces historias, formas de hacer el amor, gustos, manías, todo. De cualquier forma, cuando me preguntan si las historias que cuento son ciertas, generalmente respondo que mejor lo averigüen. Si alguien duda de la veracidad de estas historias, basta con llamarme y vivirla por su propia cuenta.

A Gerardo lo conocí así. Quería ver si esto era cierto. Me habló, así que quedamos en una hora que nos convenía, en un lugar que ambos conocíamos. Después de esa, nos hemos visto algunas veces más. Ayer, la más reciente.

En su habitación, lo encontré todo elegante, vestido de traje negro y corbata gris. Se había puesto una colonia muy varonil que me encantó. Le pregunté si se había puesto guapo para mí.

—Sí y no —dijo.

—¿Cómo es eso? —pregunté.

Me dijo que tenía un asunto importante esa noche y que, como estaba tenso, pensó que la mejor manera de relajarse era haciendo travesuras en la cama.

—¿Te gusta? —preguntó señalando su traje.

¿Qué podía responderle? La verdad es que lucía muy bien. Así que lo admiré con los ojos brillantes y sonreí.

—Gua-pí-si-mo —dije.

Entonces me acerqué, lo abracé y le di un beso. Metió una mano debajo de mi blusa y fue descorriéndola hasta dejarme con el brasier. Le desabotoné la camisa y, con cuidado, fui quitándosela para no arrugarla. Lo desnudé, acomodando su traje de modo que siguiera impecable para su reunion.

En el faje, sentí su garrote grueso y tenso, pujando la tela de su bóxer. Lo acaricié con mi entrepierna, que poco a poco comenzaba a empaparse. Estaba dispuesta y con ganas. La piel se me puso chinita cuando comenzó a besarme en el cuello y a lamerme el borde la oreja, exhalando su aliento tibio.

Clavé mis uñas en sus hombros cuando me penetró, incrustando su tolete entero hasta mis entrañas. Alcé la cadera y me ofrecí de lleno, abriendo mis piernas y entornándolas alrededor de su cintura. Entonces Gerardo empezó a moverse muy rico, hundiendo su cadera en la mía, empujando y retirando varias veces.

Su boca gruesa se plantó en mi cuello descubierto cuando extendí el rostro hacia atrás con los ojos cerrados, entregada completamente. Lo abracé con fuerza, aplastando mis tetas contra su pecho.

—No pares —repetí—. Hazlo más duro.

De pronto se encendió como una máquina y comenzó a acribillarme, dándome todo el placer que le pedía. Se apoyó en la cama y alzó el torso para proyectar mejor sus movimientos. Gruñía y gemía a medida que me atravesaba. Me hacía convulsionar y me estremecía con sus arremetidas salvajes. Todo, lentamente, se nos iba poniendo espeso. Me apretó reciamente por la cintura y se aferró con todas las ganas para desbordarse en un galope exquisito. El clímax crecía entre mis piernas a medida que él se enfrascaba en su propia explosión de placer. Lo sentí tensarse más, lo sentí palpitar dentro de mí y de pronto comenzar a agitarse como una manguera a presión. Nos unimos en ese momento exacto, como fundiéndonos. En ese instante posterior al caos, volví a mí y percibí el olor masculino de su colonia. Me inundó de tal forma que todavía puedo respirarlo.

—Debe ser un negocio importante —Le dije cuando lo ví de nuevo vestido elegantamente.

—¿Cuál negocio? —Respondió

—Dijiste que más tarde tendrás un asunto importante —Dije frunciendo el ceño.

—¡Ah! —sonrió —Pero no es un negocio, voy a una boda.

Resulta que esa noche se casaba su ex y que tuvo el descaro de invitarlo. No podía faltar, pero al menos quería verse guapo y llegar bien cogido. A veces me preguntan si las historias que cuento son ciertas ¿Para qué te cuento? Mejor haz como Gerardo. ¡Vívela!

Hasta la próxima,  Lulú Petite

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