¡A darse... amor!

Helena Danae
14/02/2018 - 05:18
 

Hola, mis amores, ¡súper feliz día para todos hoy! Ya sé que no deberíamos buscar motivos para darnos amor, pero es bueno a veces tener un pretexto para hacer cosas que en todo el año no pudimos, por ejemplo, invitar a salir a la joven que tanto te gusta, aprovechar una comida entre amigos para decirle que si quiere ir a tomar una cerveza a tu casa. Si a ella le gustas, la química se da.

Me sucedió algo parecido hace algún tiempo en mi antiguo trabajo. Meses atrás había entrado un muchacho nuevo, al principio me caía un poco mal, pero conociéndolo nos llevamos bien, haciendo tonterías como abrazarnos de la nada, solo le decía con voz de tonta “¿me abrazas?” él sonreía y me levantaba en el aire. 

Para festejar un 14 de febrero, decidimos ir a un bar, yo traía unos leggins estilo cuero, una blusa de tirantes que dejaba ver bien mis atributos delanteros y unas botas azul marino. El bar está en la segunda planta de un edificio, entrando se ven los letreros fluorescentes de las marcas de cerveza y de fondo, buen rock en tu idioma. Nos sentamos al lado de una mesa de billar y él fue por las bolas y los palos. Ordenamos un tritón de cerveza y comenzó la fiesta. 

Empezamos a jugar billar y él, muy generoso, se ofreció a enseñarme, quise aplicar alguna táctica de película, arrimarle mi trasero mientras él estaba detrás de mí sosteniendo el palo con nuestras manos juntas, pero fue demasiado caballeroso y mantenía su distancia. Pasó la noche y yo ya había tomado demasiado, le pedí que me llevara a mi casa, porque para mí era imposible manejar mi auto. Y justo cuando llegamos debo admitir que tuve que vomitar, tanto alcohol no había estado bien. 

Me ayudó a bajar del coche y fui directo al baño a lavarme los dientes, después de eso me sentí más dueña de la situación. Él estaba a punto de irse, pero lo invité a cenar algo de lo que tenía en mi refrigerador y ahí la magia sucedió, estuvimos platicando por horas. De manera extraña aunque me moría de ganas por llevármelo a la cama, no sucedió, él se fue y me quedé con la única opción de masturbarme pensando en él.

Me senté a la orilla del sillón, bajé mis leggins y mi tanga y abrí las piernas, con una mano apretaba mi clítoris y le daba golpecitos, y con la otra tocaba mis lolas y estrujaba mis pezones, movía mi mano por toda mi vagina húmeda hasta que tuve un orgasmo delicioso, chupaba mis dedos imaginando que eran los de él y empecé a meterme dos de ellos, se resbalaban fácil y entraban tan rico que me acosté en el sillón y continué empujando mis caderas hacia arriba para tocar mi punto G, mis dedos estaban hasta el fondo, pegué un grito y me dejé caer sobre el sillón y así semidesnuda me quedé dormida pensando en él.

Al día siguiente era como si hubiéramos conectado, las miradas no se hacían esperar, pero esta vez eran más penetrantes, para mi suerte mi vocho estaba fallando, así que él se ofreció a acompañarme hasta mi casa. 

Antes, ya había tenido una mala experiencia con ese coche, cuando regresaba de una fiesta en mini vestido súper apretado y tacones, el coche dejó de funcionar y tuve que bajarme a empujarlo sola, había unos muchachos del otro lado de la calle, pero puedo asegurar que mi trasero se veía cada que me empinaba para hacer avanzar mi auto, así que antes de ofrecerse a ayudarme, se dieron un buen taco de ojo. No quería que esta vez me sucediera algo similar, así que amablemente él me llevó  otra vez hasta mi casa, lo invité a pasar por una cerveza...

El desenlace de este encuentro no se los contaré en esta ocasión corazones, la próxima semana les voy a dar detalles de lo bien que la pasamos. ¡Los adoro!

 
 
TU REACCIÓN
¿QUÉ TE HA PROVOCADO ESTA NOTICIA?
0
QUE CHIDO
0
QUE PICANTE
0
QUE HORROR
0
ME IMPACTA

CONVERSACIONES EN FACEBOOK