Luchador de ébano

Dorrel Dixon, quien poseía un físico impresionante, fue un gran luchador rudo y ahora gozo de su amistad
El Hijo del Santo
11/08/2017 - 10:32
 

Amigos de El Gráfico: Hoy quiero compartir con ustedes otro lado de un excelente luchador, deportista y amigo personal. 

Un hombre con uno de los mejores físicos de la década de los años 50, ganador de los Juegos Centroamericanos y del Caribe en levantamiento de pesas: Dorrel Dixon.

En sus mejores tiempos fue Míster Jamaica y al llegar a nuestro país, en marzo de 1954, se convirtió en un aguerrido luchador y desalmado rudo. 

Sólo que era un rudo con un corazón de ángel. Y lo digo en serio, porque a mí se me ha aparecido en momentos de mi vida en que necesitaba un consejo y una palabra de aliento. 

En sus años mozos lo tenían escondido en Puebla, en donde nadaba en el Agua Azul, balneario de la Angelópolis en donde cautivaba con su sola presencia. 

Yo lo veía luchando con mi padre en diferentes arenas, pero la primera vez que este hermoso ser humano tocó mi corazón fue el día que mi padre murió.

Recuerdo que yo me encontraba desconsolado dentro de una habitación privada de la capilla funeraria y cuando él llegó me abrazó con una gran ternura. 

Me dijo que mi padre era un bendecido de Dios y que Dios ya lo necesitaba tener a su lado para convertirlo en un ángel que ahora me cuidaría desde el cielo. 

Ese día me expresó su amistad, después tuve la oportunidad de luchar con él de compañero en el ring y así fui descubriendo a un buscador del amor. 

Dorrel Dixon no ha tenido una vida fácil. En cinco ocasiones lo han intentado matar a causa de envidias. 

Sus ojos se llenan de lágrimas al recordar la muerte de dos de sus hijos varones: uno de ellos fue asesinado en la ciudad de Puebla a la edad de 24 años y otro falleció a causa del consumo de drogas. 

Sin embargo, Dixon continúa mirando hacia adelante, aceptando la voluntad de Dios y disfrutando cada momento de su vida con gratitud y optimismo. 

Se emociona mucho cuando recuerda aquella vez en que en su natal Jamaica le cantó a la Reina Isabel, después al Príncipe Felipe y aquí en México le tocó el piano con maestría a presidentes y grandes personalidades de la política. ¡Quién lo diría! 

Por cierto, uno de los consejos que me ha dado y de manera insistente es que compre un piano, lo coloque en algún lugar especial de mi hogar y lo toque para deleitar a mi esposa, tal y como él lo hace hasta el día de hoy. 

Recuerdo que en otra ocasión en que yo estaba tomando sol, sonó mi celular y era Mr. Dixon, como lo llamábamos con cariño.

Contesté y sin yo decirle en dónde estaba y lo que estaba haciendo, él con su singular risa y pausada voz me dijo: 

“El sol es tu mejor y más fiel amigo, deja que toque tu piel y de vez en cuando mira hacia el cielo, obsérvalo y dale las gracias porque el sol te da vida, baby”. Créanme que ese día me quedé sorprendido. 

Hace dos semana tuve la oportunidad de volver a estar junto a él en el homenaje que le hicimos a mi padre con el Dr. Mancera y el Dr. Amieva, en el Palacio de Gobierno. 

Me dio mucho gusto verlo entero, lúcido, siempre con una palabra positiva hacia las personas y con una sonrisa. Dice que uno de sus secretos es mantener limpio el colon.

Hoy quiero felicitarlo porque renovó sus votos con su esposa Vicky, con quien ha compartido su vida durante más de 60 años. 

Ambos gozan de excelente salud y una gran paz interior. 

Dorrel es de esos seres humanos que te llenan de energía y amor cuando lo ves. Les recuerdo que aún está la exposición fotográfica en Paseo de la Reforma. ¡Visítenla! 

Nos leemos la próxima semana , para que hablemos sin máscaras. 

 

 
 
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